Aveces el sufrimiento se convierte en una parte tan grande de tu vida que esperás que siempre este ahí, básicamente porque no podes recordar un momento en el que no lo haya estado. Pero de repente, un día, sentís algo más… algo raro, diferente… sólo porque no es una sensación familiar y ese es el momento en el que te das cuenta de una sola cosa: Estás siendo felíz.